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Erik, de 26 años, recibe un robot de medicación que mejora la vida de toda la familia

Erik, de 26 años, recibe un robot de medicación que mejora la vida de toda la familia

Cuando Erik, de 26 años, recibió un robot de medicación, su vida y la de sus padres cambiaron por completo. Desapareció la preocupación por su medicación, dejaron de producirse sus crisis epilépticas y Erik ganó en autonomía e independencia.

«Es un alivio enorme, algo absolutamente increíble», afirma su padre, Jonny.
 

Erik nació con esclerosis tuberosa, una enfermedad que le ha provocado una discapacidad intelectual leve. También tiene diagnósticos de epilepsia, quistes renales, ansiedad y trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Actualmente, tiene 26 años y es capaz de gestionar muchas cosas por sí mismo. Desde hace un tiempo vive en su propio apartamento y trabaja a jornada completa en Samhall.

 «Dejar el hogar familiar supuso un gran cambio para Erik y también para nosotros, sus padres. Teníamos muchas dudas sobre cómo afrontaría todo lo que conlleva un cambio tan importante», explica su madre, Charlotte.

Erik recibe apoyo del personal de su vivienda con servicios de asistencia para hacer la compra y cocinar, pero se ocupa por sí mismo de la limpieza y la colada. Sin embargo, lo que más preocupaba a sus padres era la medicación. Erik debe tomarla dos veces al día, y es fundamental que lo haga a la misma hora todos los días, sobre todo para prevenir las crisis epilépticas.

«Cuando Erik vivía en casa, nos asegurábamos de que tomara la medicación recordándoselo constantemente. Aun así, a veces no estaba seguro de si ya la había tomado o no, incluso después de habérselo recordado. Cuando se mudó, seguimos con la misma rutina. Eso dio lugar a muchas llamadas telefónicas y a la incertidumbre sobre si había tomado la medicación correctamente. Casi todas las mañanas y las tardes iba en bicicleta hasta su apartamento para comprobar que había tomado la medicación del pastillero», cuenta Charlotte.

«Sí, y, naturalmente, se irritaba con nuestras constantes insistencias y sentía que no confiábamos en que pudiera gestionar su medicación por sí mismo», añade Jonny.

Charlotte y Jonny intentaron conseguir ayuda del personal de asistencia para que recordara a Erik cuándo debía tomar la medicación y comprobar que lo hiciera. Sin embargo, como el personal no trabaja las 24 horas del día, no era posible garantizar ese seguimiento en todo momento.

«La verdad es que era muy difícil. Si no lo has vivido, cuesta entender la preocupación que genera. A veces, Erik me llamaba desde el trabajo porque no estaba seguro de haber tomado la medicación de la mañana. Entonces tenía que coger la bicicleta, ir a su apartamento para comprobar el pastillero y, si no la había tomado, llevársela al trabajo antes de volver en bicicleta a mi propio trabajo. Estuviéramos donde estuviéramos —visitando a unos amigos, en el cine o cenando fuera—, siempre teníamos que estar preparados para dejarlo todo y resolver la situación. Era casi imposible viajar a cualquier sitio», explica Jonny.

Jonny trabaja en el Centro de Tecnología de Apoyo de Jönköping y, un día, oyó hablar de un nuevo producto: un robot de medicación.

«Estaba almorzando con un compañero cuando me habló del robot. Empecé a pensar en ello y le dije: “Parece algo que mi hijo podría utilizar”», cuenta Jonny.

Y así fue. Dos semanas después, instalaron el robot de medicación en el nuevo hogar de Erik. Desde entonces, no ha olvidado ni una sola dosis y tampoco ha vuelto a sufrir ninguna crisis epiléptica.

«Ahora se siente tranquilo y seguro porque sabe que ha tomado su medicación. Se siente independiente y adulto, sin que tengamos que estar constantemente pendientes de él. Es difícil expresar con palabras lo que significa. Para nosotros, que compartimos con Erik la responsabilidad de gestionar su medicación, también supone un alivio enorme. Podemos dejar atrás la preocupación y los recordatorios constantes que nos acompañaron durante su infancia. Es un gran alivio para todos», afirma Charlotte.

El robot de medicación avisa a Erik de forma clara cuando llega el momento de tomar sus medicamentos, lo que le ayuda a hacerlo a la hora adecuada y evita que se le olvide. Si por algún motivo no los toma, Charlotte y Jonny reciben un mensaje para que puedan hacer un seguimiento de la situación, aunque hasta ahora no ha sido necesario.

Charlotte y Jonny también se encargan de reponer la medicación del robot. Cada dos semanas, recogen en la farmacia los medicamentos preparados en dosis individuales y vuelven a cargar el dispositivo.

«Nos enseñaron a hacerlo, pero es muy sencillo si se siguen las instrucciones», explica Jonny.

Ambos creen que muchas otras personas podrían beneficiarse de un robot de medicación para simplificar su vida, aunque quizá ni siquiera sepan que existe una solución de este tipo.

«Creo que, cuando una persona recibe la medicación adecuada, en la dosis correcta y en el momento oportuno, no solo se beneficia ella, sino también la sociedad en su conjunto, porque se reducen los costes. La investigación existe y los medicamentos se han desarrollado, pero ¿de qué sirve todo eso si el paciente no los toma? Estoy convencido de que los robots de medicación reducen enormemente la carga sobre el sistema sanitario», afirma Jonny.

Erik está muy orgulloso de su robot de medicación y lo tiene a la vista en el cuarto de baño.

«A veces, cuando viene el personal de asistencia a casa, se preguntan quién está hablando en el baño», cuenta Charlotte entre risas.

«Sí, y él responde: “Es mi pareja, Lena”», añade Jonny.

La familia está inmensamente agradecida por el robot de medicación de Evondos.

«Haber encontrado por fin una solución que nos facilita la vida tanto a Erik como a nosotros es mucho más de lo que podíamos esperar», afirma Charlotte.

*Evondos recomienda colocar el robot de medicación en un lugar donde no pueda entrar en contacto con el agua y evitar su exposición directa a la luz solar.

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